02 enero 2014

El calzado de Julia

   
                                         





  





  Suena un villancico en la habitación amplia de Julia Alba mientras su padre lanza el último estertor en el clínico municipal. La acción se repite en la sala de espera del velatorio. ¡Clic-clac! Los zapatos de Julia mastican el parquet dando dentelladas y mordiscos al tiempo. Son de cuero negro y lengüeta corta. Todos permanecen expectantes. Llega un ramo de flores que se deposita junto a la mesa de caoba donde bailan caramelos de diferentes colores. ¡Vamos a tirar zapatos al aire!
  Se reza el rosario. Las letanías son sonrisas fingidas de centímetros medidos al tuntún. Era divertida la escena. La carne de los pies de Julia pertenecía a su edad universitaria, blanca y sin descosidos. La estola negra multiplicaba su escote como una sábana de cine de barrio o una orquídea manoseada en un rincón por hombres conocidos. Un mandoble al cielo, ahora gris, desgastado apenas nace en el horizonte de la tarde de mitos y gorilas. Ruedan las cuartillas en diagonal escalando hasta New York.
  Todos los policías corren tras el féretro que se pierde tres manzanas más abajo. Tu, yo, las botas vetustas, hermosas, raídas, de motero con melenas de colores y uñas negras, olivas negras donde anidan hucheando lechuzas insustanciales, cazadores de bosques confusos y talados.
  Los caminos se pierden tras la iglesia de Hontanas donde los ecos ceden tras las lomas y la lluvia. Los amos son el otoño de las hayas y los vientos enredados en la mochila. Hay que apretar el acelerador de la máquina, de la intriga y el miedo hasta perder la noticia, el sentido y la lujuria.
  La mujer dentro de su cuerpo y Julia alejada del mostrador con el vaso, el hielo, el mambo, todos en uno. El salario asesino abandonado junto al camposanto. Allí el cortejo delega la propiedad y se dispersa. Las imágenes muestran la mandíbula desencajada de la holandesa desaparecida en el osario de los rumanos amigos herederos de incognito. Las zambombas en la radio suenan aflautadas como locas hambrientas de fiesta. Cuando comienzan los cuchicheos se detiene la tarde y comienza la broma.
   Julia permanece despierta a pesar de todo.



     Judizmendi veintiséis de noviembre de dos mil trece




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